lunes, 7 de julio de 2014

La Saeta Rubia: consagración y legado de un club

“Argentino de nacimiento, español de adopción, madrileño de acogida y madridista de corazón.” Esta frase, citada por el mismo Di Stefano tras recibir el premio Alfonso Ussía en 2009, podría definir la trayectoria de su vida.

Alfredo Di Stefano Laulhé, que nació el 4 de julio de 1926 en Buenos Aires, se crió en una familia de clase media, en la que, como muchos otros niños, se entretenía jugando al fútbol en la calle con pelotas de goma. A los catorce años su vida dio un reverso tras decidir dejar los estudios para comenzar a trabajar en el campo, donde también trabajaba su padre. Pudo haber dejado el fútbol en aquel momento, pero prefirió seguir disfrutando de su entretenimiento favorito. Desde pequeño todos admiraban su talento; un talento que no pasó inadvertido para River Plate, histórico club argentino que le incluyó en sus filas tras realizar con dieciocho años las pertinentes pruebas que sirvieron para mostrar su calidad.


Tal y como muestra “El Gráfico” en su portada del 27 de junio de 1947, sus primeros años en River, con una breve cesión a Millonarios de por medio, causaron sensación y se comenzó a poner el punto de mira en un futbolista que se alejaba de lo visto hasta entonces. Propios y extraños se sorprendían del tremendo nivel del futbolista, con el futuro aún por delante.

Tras una huelga de la Liga Argentina, Alfredo Di Stedano decide abandonar el River Plate para recalar en el Millonarios de Bogotá, un equipo plagado de estrellas de la época con el que realizó unas notables cifras goleadoras. Fue jugando para este club cuando visitó el Estadio de Chamartín (actual Santiago Bernabéu) en 1952 para jugar un partido en honor al 50º aniversario del Real Madrid. Fue un torneo triangular en el que Millonarios salió campeón y Di Stefano maravilló tanto al público como a Santiago Bernabéu, quien se tomó el objetivo de ficharlo.

Después de un año complicado en el que se declaró en rebeldía con Millonarios, el Barcelona se adelantó al Real Madrid y negoció con River Plate la adquisición del astro, pero se negaron a aceptar las condiciones que exigía Millonarios, que aún conservaban derechos sobre el jugador, y el fichaje quedó en punto muerto, tal y como afirma oficialmente el club blaugrana. Fue entonces cuando el Real Madrid apareció y aceptó todas las condiciones para llevarse a Di Stefano. Alfredo, que estaba decepcionado con la mala resolución del caso por parte del club culé, aceptó entonces y se dirigió a la capital, donde se consagraría una de las mayores leyendas de la historia del fútbol.



En la imagen, en la cual ya aparece posando con la camiseta blanca y sus compañeros del Real Madrid, es la representación gráfica de un equipo que saltaría al olimpo del fútbol. Di Stefano, que militó en el club de Chamartín entre 1953 y 1964, fue la pieza clave de un equipo que fue capaz de ganar cinco Copas de Europa consecutivas, y que hizo que el Real Madrid fuese conocido en todos los rincones de Europa.

La llegada de Alfredo Di Stefano supuso un antes y un después en el Real Madrid, que no volvió a perder su condición de club de élite mundial desde entonces. Posee cifras legendarias, como los 307 goles que fue capaz de anotar durante las once temporadas en el club de Concha Espina, récord del club hasta 2009, cuando Raúl González batió su registro, aunque bien es cierto que el astro argentino anotó esa cifra en un número menor de temporadas.

Tanto Di Stefano como los aficionados fueron felices de haberse conocido, e incluso lamentan que no hubiera llegado antes, puesto que se incorporó al equipo con 27 años en 1953, que era el punto intermedio de su carrera futbolística. Abandonaría el Real Madrid en 1964 para acabar su carrera realizando sus dos últimas temporadas en el Espanyol.



Di Stefano no dejaría de lado el fútbol tras su retirada como futbolista, y comenzaría a entrenar equipos de fútbol como Elche, Boca Juniors, Castellón, River Plate, Real Madrid en dos ocasiones y Valencia en tres ocasiones. No fue un entrenador muy laureado, pero en el caso del Real Madrid, sentó en 1982 las bases de la cantera en el primer equipo que pocas temporadas después haría aparecer la famosa “Quinta del Buitre.”

En su segunda etapa entrenando al Real Madrid, que fue en 1990, supuso una de sus últimas experiencias profesionales, y en esa temporada logró que el Real Madrid levantase la Supercopa de España.
Tras su jubilación, Alfredo Di Stefano se acercó de forma permanente al club madridista hasta que en el año 2000 fue nombrado Presidente de Honor del Real Madrid. Desde entonces, su gran pasión fue seguir al Real Madrid con el orgullo y el corazón que siempre le ha caracterizado.



Los años de ancianidad de Di Stefano se resumen en una multitud de premios conmemorativos, entre los que se encuentra el primer premio Alfonso Ussía que entregó el Diario “La Razón”, el honor de poner la primera piedra del proyecto de Valdebebas junto a Dani Carvajal, o la estatua de bronce que el escultor Pedro Montes hizo en su honor.
Alfredo Di Stefano, con la humildad siempre por bandera, cuando le preguntan si está orgulloso de todo lo que ha logrado, acostumbra a responder lo mismo:
 “Yo tan solo era un jugador de equipo.”

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